lunes, 2 de febrero de 2015

HASTÍO DEL ALMA.

 
El aburrimiento es frecuente en la transición de la niñez a la juventud. Tal vez producto de los trastornos hormonales que vive el púber o porque comienza a despertar su mente a una búsqueda de sí mismo y del sentido de la vida. El joven se disgusta cuando percibe la hipocresía e inconsecuencia del adulto, llega a fastidiarle la sociedad y sólo desea huir de ella o cambiarla. Sin ese espíritu inconformista el mundo permanecería estático. Es el lado positivo del aburrimiento.
Pero no es sólo de niños y jóvenes el problema. Los adultos también a veces viven el tedio de un trabajo que no les agrada porque no es su vocación y no encuentran en él la realización personal que esperan. Un jefe autoritario e incomprensivo, un clima laboral tóxico generan un hastío que envenena el alma.
Otra cosa es el fastidio de una relación de pareja en que el amor se ha gastado y ha desaparecido el cariño, la comprensión, el buen trato, la paciencia; sea porque ambas personas persiguen fines distintos; porque los agobia una situación económica difícil; porque uno de ellos tiene una personalidad absorbente o sencillamente porque no hay madurez en la relación y no la cultivan dedicando más tiempo a conocerse, distraerse y divertirse.
Para quien experimente el aburrimiento, éste debiera ser una luz de alerta, sea en el matrimonio, el trabajo, la amistad, la vida espiritual, etc. Hubo en la Antigüedad un rey rico y poderoso que, a pesar de todos sus conocimientos, placeres y posesiones, escribió: “Aborrecí, por tanto, la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu.” (Eclesiastés 2:17) Todo le resultó vano y sin sentido, si el destino del ser humano es morir.
 
Dedicado a investigar el misterio de la vida llegó a esta conclusión: “Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él. / Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.” (Eclesiastés 3:10,11) Descubrir la eternidad en nuestro interior es clave para superar cualquier aburrimiento.

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