El aburrimiento es frecuente en la transición de la niñez a la
juventud. Tal vez producto de los trastornos hormonales que vive el púber o
porque comienza a despertar su mente a una búsqueda de sí mismo y del sentido
de la vida. El joven se disgusta cuando percibe la hipocresía e inconsecuencia
del adulto, llega a fastidiarle la sociedad y sólo desea huir de ella o
cambiarla. Sin ese espíritu inconformista el mundo permanecería estático. Es el
lado positivo del aburrimiento.
Pero no es sólo de niños y jóvenes el problema. Los adultos
también a veces viven el tedio de un trabajo que no les agrada porque no es su
vocación y no encuentran en él la realización personal que esperan. Un jefe
autoritario e incomprensivo, un clima laboral tóxico generan un hastío que
envenena el alma.
Otra cosa es el fastidio de una relación de pareja en que el
amor se ha gastado y ha desaparecido el cariño, la comprensión, el buen trato,
la paciencia; sea porque ambas personas persiguen fines distintos; porque los
agobia una situación económica difícil; porque uno de ellos tiene una
personalidad absorbente o sencillamente porque no hay madurez en la relación y
no la cultivan dedicando más tiempo a conocerse, distraerse y divertirse.
Para quien experimente el aburrimiento, éste debiera ser una
luz de alerta, sea en el matrimonio, el trabajo, la amistad, la vida
espiritual, etc. Hubo en la Antigüedad un rey rico y poderoso que, a pesar de
todos sus conocimientos, placeres y posesiones, escribió: “Aborrecí, por tanto, la vida, porque la obra que se hace
debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu.” (Eclesiastés 2:17) Todo le resultó vano
y sin sentido, si el destino del ser humano es morir.
Dedicado a investigar el misterio de la vida llegó a esta
conclusión: “Yo he visto el trabajo que Dios ha dado
a los hijos de los hombres para que se ocupen en él. / Todo lo
hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin
que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio
hasta el fin.” (Eclesiastés 3:10,11) Descubrir la
eternidad en nuestro interior es clave para superar cualquier aburrimiento.

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