jueves, 26 de marzo de 2015

MÚSICA PARA CELEBRAR.


 
En la parábola del hijo pródigo, aquel hijo que pidió a su padre que le adelantara la herencia, se hace mención de un arte que nos acompaña en todo momento. El mal hijo se marchó lejos y gastó todo su dinero en mujeres y vicios, hasta llegar a trabajar en una porqueriza y, con hambre, desear alimentarse de la comida de los cerdos. Arrepentido, vuelve a la casa de su padre, quien lo recibe con amor y le ofrece una fiesta: “su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas” (San Lucas 15:25)
La música, desde tiempos inmemoriales ha estado presente en la vida del ser humano: en toda celebración, en los ritos religiosos, en matrimonios, cumpleaños y exequias. No hay actividad humana en que la música no nos acompañe. Hoy en día la tecnología nos permite llevarla en nuestros oídos a cualquier lugar.
El padre del hijo pródigo quiso celebrar el regreso de su hijo y, además de vestirlo con traje nuevo y regalarle un bello anillo, llamó a todos los que estaban en casa para celebrar, comer una exquisita cena, cantar y bailar al son de la música. Este arte es capaz de reflejar con sonidos, ritmos y melodías, todo tipo de sentimientos. En este caso, expresaba la alegría del papá a quien le es devuelta una vida tan querida y la alegría del hijo que se siente perdonado y aceptado por su padre. Al hermano mayor no le agradó la decisión del padre y estuvo en desacuerdo con el alegre recibimiento. Permaneció fuera de la casa, lejos de la música y las danzas.
Esta bella historia de perdón, con música de fondo, nos muestra con claridad como nuestro Padre celestial se alegra con el regreso a casa de alguno de sus hijos, sin importar la gravedad de sus pecados. El Cielo y la Iglesia siempre celebrarán con música y danzas la conversión de las almas. Tal vez el hijo que jamás ha sido desleal con Dios, se moleste por esas expresiones y prefiera el silencio y la reprensión, mas el Padre le dice: “Era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.” (San Lucas 15:32)

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