En la parábola del hijo pródigo,
aquel hijo que pidió a su padre que le adelantara la herencia, se hace mención
de un arte que nos acompaña en todo momento. El mal hijo se marchó lejos y
gastó todo su dinero en mujeres y vicios, hasta llegar a trabajar en una
porqueriza y, con hambre, desear alimentarse de la comida de los cerdos.
Arrepentido, vuelve a la casa de su padre, quien lo recibe con amor y le ofrece
una fiesta: “su hijo
mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas” (San Lucas 15:25)
La música, desde tiempos inmemoriales ha estado presente en
la vida del ser humano: en toda celebración, en los ritos religiosos, en
matrimonios, cumpleaños y exequias. No hay actividad humana en que la música no
nos acompañe. Hoy en día la tecnología nos permite llevarla en nuestros oídos a
cualquier lugar.
El padre del hijo pródigo quiso celebrar el regreso de su
hijo y, además de vestirlo con traje nuevo y regalarle un bello anillo, llamó a
todos los que estaban en casa para celebrar, comer una exquisita cena, cantar y
bailar al son de la música. Este arte es capaz de reflejar con sonidos, ritmos
y melodías, todo tipo de sentimientos. En este caso, expresaba la alegría del
papá a quien le es devuelta una vida tan querida y la alegría del hijo que se
siente perdonado y aceptado por su padre. Al hermano mayor no le agradó la
decisión del padre y estuvo en desacuerdo con el alegre recibimiento. Permaneció
fuera de la casa, lejos de la música y las danzas.
Esta bella historia de perdón, con música de fondo, nos muestra
con claridad como nuestro Padre celestial se alegra con el regreso a casa de
alguno de sus hijos, sin importar la gravedad de sus pecados. El Cielo y la
Iglesia siempre celebrarán con música y danzas la conversión de las almas. Tal vez
el hijo que jamás ha sido desleal con Dios, se moleste por esas expresiones y
prefiera el silencio y la reprensión, mas el Padre le dice: “Era necesario
hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se
había perdido, y es hallado.” (San Lucas
15:32)

No hay comentarios:
Publicar un comentario