miércoles, 4 de marzo de 2015

¿AMOR O CONOCIMENTO?


 
¿Qué es más importante, el amor o el conocimiento? Esta es una vieja interrogante que divide a los teólogos entre místicos y racionales. Antes de seguir leyendo, piense usted en su propia respuesta.
Hablamos de la vida cristiana (sea católico, bautista, pentecostal, luterano, testigo, mormón, etc.) y su ejercicio. ¿Será más importante amar a Dios y al prójimo que conocer la Palabra de Dios y comprender el Evangelio? Para amar a Dios necesito conocerle y esto es imposible si no tengo el más mínimo conocimiento de la Biblia. La mayoría hemos recibido en nuestra infancia algunas enseñanzas básicas sobre el Padre Creador y Jesús, el Salvador. Todos los que vivimos en países de occidente escuchamos en Navidad la historia del nacimiento del Hijo de Dios y en Semana Santa vemos por televisión y en cines la representación de su martirio, muerte y resurrección. Es un conocimiento que nos conduce a la fe porque “...la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” (Romanos 10:17) Si no tuviéramos ese conocimiento no podríamos amar a Jesucristo. ¡Cuántos amaron a Jesús y decidieron seguirle después de ver “Jesucristo Superestrella” o “La Pasión” de Gibson! Otros lo aprendieron en el catecismo o la escuela dominical. Entonces, dirá usted, el conocimiento es más importante que el amor. Hay que estudiar la Palabra de Dios.
Así usted se propone estudiar la Biblia, aprender cada uno de los relatos, conocer los Evangelios que cuentan la vida y milagros de Jesús, leer las cartas de los apóstoles, memorizar los textos principales, interpretar sus enseñanzas y discutir con cristianos y no creyentes sobre estos hermosos conocimientos. Pero, cuando alguien toca a su puerta para pedirle ayuda, usted le dice: “Venga otro día porque ahora estoy muy ocupado estudiando las cosas de Dios”. Deja de compartir con la familia y los amigos que no creen en Dios porque debe “renunciar al mundo” y no juntarse con “pecadores”. Mas un día se topa con estos versículos: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? / Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, / y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? / Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.” (Santiago 2:14-17) Al momento reacciona y piensa que el amor es más importante que el conocimiento.
Pero, en verdad, amor y conocimiento se necesitan mutuamente, como un ser humano necesita corazón y cerebro. El corazón no funcionaría si el cerebro no diese la orden y el cerebro tampoco tendría vida si no lo irrigase la sangre que bombea el corazón. Como el cuerpo no puede funcionar sin la sangre, el cristiano necesita recibir y dar el amor de Dios; y tal como el cuerpo requiere de las órdenes del cerebro, el cristiano necesita tener un claro conocimiento de la Palabra de Dios.

domingo, 1 de marzo de 2015

LA MORALIDAD EN EL EVANGELIO.


 
A veces la religión se reduce a un montón de “lo que debes hacer” y si no lo haces estás mal. Religión y Moral se unieron en los tiempos de Moisés. La Religión tiene por propósito re-ligar, es decir volver a unir al ser humano con Dios. La Moral indica lo que es bueno o malo para una cultura determinada. La pregunta es si nuestra religión cristiana está más interesada en reconciliarnos con Dios o en que nos comportemos bien. Para responderla vamos a las enseñanzas de su fundador: Jesucristo. Nos limitaremos a revisar sus palabras en los cuatro Evangelios.
Examinando cuántas veces aparece la palabra “mal”, nos encontramos con 34 en el Evangelio de Mateo; 6 ocasiones en Marcos; 16 en Lucas; y 7 en Juan. En total la palabra “mal” en boca de Jesús, es registrada 63 veces.
Examinamos la estadística de la palabra “bien” en los Evangelios y resultó así: 4 veces en Mateo; 3 en Marcos; 5 en Lucas y sólo 1 vez en Juan. Total: 13.
Hasta aquí podríamos decir que se registran más las ocasiones en que el Maestro se refiere al mal actuar o mal pensar, 63 veces; contra las veces que se refiere a lo bueno: 13. En todo caso esto es apenas un esbozo, pues habría que revisar otras alocuciones como: bueno, malo, amor, pecado, en fin todos los términos que nos hablen de asuntos morales. No alcanzamos a responder en estas líneas la interrogante acerca de Religión y Moral en la doctrina de Jesús. Lo intentaremos más adelante. Como sea, es evidente que hay una preocupación por la moralidad en los escritos evangélicos.
De estos 76 (63 + 13) versículos morales escogimos algunos muy interesantes para reflexionar:
 “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (San Mateo 7:11)
“Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.” (San Mateo 15:19)
“La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en tinieblas.” (San Lucas 11:34)
“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.” (San Juan 17:15)
“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (San Mateo 5:44)
“Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo.” (San Lucas 6:33)
“Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos.” (Lucas 6:35)

 

 

jueves, 26 de febrero de 2015

EL COMPROMISO DE AMAR.


 
La palabra compromiso describe una obligación contraída o una palabra ya dada. Establecemos compromisos con aquello que amamos. Nos comprometemos con nuestros seres queridos y estamos con ellos en los momentos difíciles, en las celebraciones y diariamente, si es preciso, nos mantenemos comunicados. Esto es así porque nos interesan. También nos comprometemos con el trabajo o el estudio, porque de esas actividades depende nuestra subsistencia y formación; y si es nuestra vocación, el compromiso es mayor. Estamos ligados a lo que hacemos con amor y eso se expresa en un compromiso real. Difícilmente fallaremos en este tipo de compromiso.
A veces un compromiso es una promesa o una declaración de principios. Prometemos amar a una persona para toda la vida, nos comprometemos en matrimonio para serle fiel, cuidarle y acompañarle en toda circunstancia. Todos procuran cumplir el compromiso porque están enamorados de su pareja. Una infidelidad, la decepción o la pérdida del amor podrá ser causa de un rompimiento del compromiso.
Se dice que alguien está comprometido con algo o alguien cuando cumple con sus obligaciones, con aquello que se ha propuesto o que le ha sido encomendado. ¿Y qué sucede en nuestra relación con Dios? Él lo da todo por mí y sólo espera que responda con un amor incondicional.  
Una persona se compromete cuando se implica al máximo en una labor, poniendo todas sus capacidades para conseguir llevar a cabo una actividad o proyecto y de este modo aportar con su esfuerzo para el normal funcionamiento de un grupo, sociedad o empresa. En el caso de los cristianos, Dios espera que nos impliquemos en su misión. La tarea no es tan complicada pero exige de un corazón abierto al prójimo necesitado. Si leemos la parábola del buen samaritano lo entenderemos mejor:
Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.
El Maestro preguntó: ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Alguien respondió: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo. (San Lucas 10:30-37)

miércoles, 25 de febrero de 2015

LOS LIBERTADORES.




Moisés fue un gran hombre, un líder que Dios levantó para sacar a un pueblo de la esclavitud. Hoy en día también hay grupos humanos y naciones que requieren de líderes que les conduzcan hacia la libertad. Se puede tratar de una liberación física o espiritual. A través de la historia encontramos hombres y mujeres que han destacado por una misión liberadora, como Martin Luther King, quien luchó por la igualdad racial en los Estados Unidos; Nelson Mandela que activó por años contra el apartheid en Sud África; Mahatma Gandhi, quien logró la independencia de la India por medios pacíficos; Helen Keller, filántropo sordo-ciega que recorrió el mundo declarando los derechos y la igualdad de las personas con discapacidad; y tantos más que pusieron sus vidas al servicio del prójimo, libertadores inspirados por Dios.
Pero todos ellos fueron sólo hombres que pusieron todo su esfuerzo por mejorar la condición de sus pueblos. Moisés fue uno de ellos. Hijo de una humilde familia hebrea, tuvo en suerte ser criado y educado en el palacio del faraón de Egipto. Allí aprendió la cultura más avanzada de la época, estuvo en contacto con los más sabios de esa nación y estudió en los textos de la Antigüedad. Mas su corazón estaba con su pueblo. Por eso al recibir el llamado de Dios a libertarlo, respondió positivamente, a pesar de sus temores.
Sacar a los hebreos de Egipto fue una enorme proeza, teniendo en cuenta que ellos eran una gran fuerza de trabajo. Moisés entregó a su pueblo la confianza en su Dios Jehová, los organizó y preparó en la lucha, para reconstruirse como nación. Ellos debían creer en sí mismos, pero también creer en el Dios Todopoderoso. Les entregó una religión ordenada con un riguroso sistema de leyes y unos principios éticos que, hasta el día de hoy, rigen nuestra moral y están resumidos en la forma de diez mandamientos.
Pero en el espacio de la historia esas leyes de Moisés ocupan apenas unos siglos, pues al venir Jesucristo da a conocer una nueva forma de relacionarnos con Dios, ya no por medio de ordenanzas y leyes escritas, sino por medio de la fe. Dice el evangelista “...la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.” (San Juan 1:17) Si bien es cierto Moisés libertó al pueblo judío, no nos da la libertad, todo lo contrario, sus leyes y mandamientos nos enjuician e indican que somos pecadores ante Dios. En cambio Jesucristo no nos juzga sino que nos perdona y libera de toda culpa y de la condenación del pecado.

domingo, 22 de febrero de 2015

UN SALTO CUÁNTICO.


 
Los seres humanos tenemos diversas necesidades que por lo general nos afligen y preocupan cuando no son satisfechas, sobre todo las de carácter básico como el alimento, la vivienda y el vestuario. Sin embargo, el Maestro nos advierte que, si nosotros cambiamos las prioridades y ponemos en primer lugar el Reino de Dios, es decir las cosas que atañen a la espiritualidad, todo aquello que tanto nos preocupa será satisfecho por el Creador:
"Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas. No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón." (San Lucas 12:31-34)
Jesús nos invita a no tener temor sino confianza en el Padre que ha querido acercarse a nosotros con su gobierno espiritual. Luego nos interpela a ser audaces en esta fe y deshacernos de todo aquello que consideramos nuestro “tesoro” y ayudar al prójimo, dar limosna, servir. Háganse carteras y billeteras que no se gastan, que nunca se terminan, que no pueden ser robadas ni apolilladas. No hagan tesoro en los bancos de este mundo, dice él, sino en los cielos. Optar por Jesucristo como Maestro, Salvador y Señor; optar por el Reino de Dios y vivir el Evangelio, es el más grande salto que una persona puede hacer en esta vida. Quienes hemos tomado esta opción somos eternamente felices porque Dios está con nosotros. Es el verdadero “salto cuántico”.

LA VERDADERA GLORIA.


 
Buscar los aplausos, el ser elogiado y salir en la página social, tiene su pago y es la vanagloria, un éxito hueco que consiste en el ser admirado. Esto sólo trae vanidad y orgullo, sentirse muy especial figurando en forma destacada entre la gente. Pero ¡ay! cuando se cae, cuando el hombre o la mujer dejan de ser famosos, cae en el descrédito y luego en el más absoluto anonimato.
No busquemos la propia gloria sino que sea levantado el nombre de Jesús para que otros se salven de las tinieblas del egoísmo y la vanidad humana.
Es bueno el éxito, pero demasiado es desagradable, apesta. Bien dice el escritor de Proverbios "comer miel no es bueno" y luego agrega "ni el buscar la propia gloria es gloria". Porque es un engaño de sí mismo pensar que la fama entre los hombres es la gloria. No, esto es vana - gloria. La verdadera gloria es nuestra salvación.
Este proverbio debería tenerlo en cuenta todo artista, todo hombre o mujer que camina hacia el éxito en la política, en la ciencia o el deporte. Es una voz de alerta que nos envía nuestro Señor y Maestro: “Comer mucha miel no es bueno, Ni el buscar la propia gloria es gloria.” (Proverbios 25:27)

EL YUGO FÁCIL.


 
El yugo de Jesús es fácil, consiste tan sólo en ser el buey humilde que le reconoce a Él como guía, Señor y compañero ideal, pues el Maestro pasó muchas desventuras, rechazo e incomprensión. También Él fue puesto a prueba y tentado, pero jamás flaqueó ni cedió ante el pecado.
Junto a nosotros va Cristo tirando la misma carga. Esta carga, que son las enfermedades y pecados del mundo, los problemas de la vida y del ser humano. Pese a ser tan pesada, para el verdadero discípulo es muy ligera.
Nótese que en esa carga va también tu propio fardo de debilidades, pecados, culpas, heridas, traumas y complejos. Pero, repito, no estás solo ni abandonado. Jesús es tu compañero ¡Ánimo!
"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. / Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; / porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga." (San Mateo 11:28-30)